EsUnPartidoNo

Somos animales políticos. Hace siglos que lo sabemos y, probablemente por eso, nuestro instinto político ha caído en ese largo letargo sometido al engranaje de la inercia del que nos despertó el 15M. Habíamos delegado ese instinto y nos lo gestionaban unos profesionales que, a golpe de elecciones, partidos e instituciones, iban echando tierra sobre nuestro yo político hasta enterrarlo tan dentro de nosotros mismos que nos habíamos olvidado de él. Llegó mayo de 2011 y nuestro instinto político arañó la tierra bajo la que yacía sepultado y empezó a ver la luz. Primero cegadores destellos en forma de manifestaciones, asambleas y protestas, y poco a poco ese instinto renacido se fue acostumbrando a la claridad y empezó a acompañarnos a comer con la familia, a fichar en el trabajo, a conversar con los amigos y a buscar el pan. Aniquilamos entonces emocionalmente a nuestro delegados políticos y dimos rienda suelta a nuestra ancestral naturaleza. Fue en ese momento cuando dejamos de sentirnos representados y nos lanzamos a participar.

 

Pero la tierra que nos sacamos de encima sigue aquí, a nuestro lado. Estamos rodeados del inmenso arenal de la vieja política y, de entre todos los montículos de tierra que lo constituyen, todavía se mantiene en pie el más voluminoso y solidificado: el de los partidos. ¿Cuál ha sido tradicionalmente nuestro medio de interacción primordial con la política? ¿Cómo se ha materializado en algo concreto y acotado? ¿Cuál es, en fin, nuestro formato político por antonomasia? Casi todas aquellas acciones que hemos hecho ante, bajo, cabe, con o contra la política las hemos hecho, en realidad, por medio del partido político. A él le asociamos una ideología, a él le votamos, con él hacemos sondeos y estadísticas, él gana o pierde, con él establecemos coaliciones, con él montamos grupos parlamentarios, él nos representa, en él delegamos, él tiene su propia lógica, él se corrompe, y él configura, en fin, todo un sistema —el de partidos— que lleva dirigiendo la vida política desde hace un par de siglos.

 

Y en este marco monopolizado por el partido político, acaba de presentarse ante la opinión ciudadana una cosa que se hace llamar a sí misma Guanyem Barcelona pero que no se hace llamar a sí misma ni partido, ni coalición de partidos ni marca. Y, si todo marcha sobre lo previsto, podremos votar a Guanyem Barcelona, podremos hacer con él sondeos y estadísticas y podrá ganar o perder unas elecciones. Y aun así sus promotores niegan que Guanyem Barcelona sea partido, coalición o marca.

 

Particiones políticas

 

Las reacciones que ha provocado la presentación de Guanyem Barcelona entre los periodistas, analistas y ciudadanos de la vieja política han sido una tragicómica mezcolanza de curiosidad, incomprensión y recelo. Y en parte es natural. Presentar en la cultura del sistema de partidos un nuevo Constructo No Identificado, definido en negativo por sus propios promotores (no es partido, no es marca, no es chiringuito) o mediante volátiles metáforas (espacio de confluencia de colectivos, personas y partidos donde cada uno mantiene su identidad), es cuanto menos una empresa arriesgada.

 

Pero, ¿qué es exactamente un partido político? ¿Y por qué Guanyem Barcelona no lo es? Definido de forma muy elemental, el partido político es un formato social que consiste en una agrupación de personas con unos intereses individuales coincidentes y una voluntad política ejecutiva. Por ‘intereses individuales’ entendamos aquí un amplio espectro de cosas donde se mezclan ideas, valores e ideales, entre otras muchas. En cualquier caso, visiones subjetivas que confluyen con subjetividades afines para formar una agrupación de personas. Existen muchos tipos de agrupaciones de personas con intereses convergentes, desde cualquier colectivo activista, hasta los lobbys financieros o los grupos religiosos. Pero solo el partido político tiene voluntad abierta y explícita de ejercer el poder ejecutivo y entrar en las instituciones.

 

Ahora bien, la propia denominación de partido político revela el pecado original no solo de este formato político, sino de cualquier agrupación social nacida desde la óptica de la vieja política: el partido es una facción escindida, partida, en pro de unos intereses individuales afines que, al tiempo que están creando un colectivo, generan una escisión de El Colectivo. Y esto es posible porque su lógica obedece, en realidad, a un feliz encuentro de subjetividades que, en último término, responden a intereses individuales. En otras palabras, el partido es partición, una ruptura en el seno de El Colectivo surgida de la contraposición y la incompatibilidad entre unas ideologías y otras.

 

Y entonces llegó el 15 M

 

De los muchos logros y transformaciones arrojadas por el 15M, hay uno que en mi opinión es nuclear: el 15M nos ha hecho salir de nosotros mismos para buscar fuera de cada individuo algo que era inherentemente externo y colectivo. De repente, ahí, todos juntos, nos hemos sorprendido admirando, entre la emoción, la risa nerviosa y la rabia acumulada, una cosa extraña y externa que no recordábamos que existía: el común.

 

El derecho a una vivienda digna no es tuyo, ni mío, ni del Estado. No es público, ni es privado. Es común. La plaza mayor de tu ciudad no es tuya, ni es mía, ni del Estado. No es pública ni es privada. Es común. Tu ambulatorio de referencia no es tuyo ni mío ni del Estado. No es público ni es privado. Es común. Y en tanto que común, cualquiera de estos bienes no son interés, propiedad ni responsabilidad de unos pocos, sino de todos.

 

Pues bien. Es en este marco donde hay que entender Guanyem Barcelona: una serie de individuos han dejado de atender a su interior, han aceptado mirar hacia fuera, han puesto el foco sobre los comunes y se han propuesto recomponer lo que se había partido. Y con ello, ahora sí, están dando carta de naturaleza a algo nuevo y, si para entenderlo mejor necesitáis una etiqueta, aquí os proponemos una: lo que Guanyem Barcelona está configurando no es un partido, no. No es una coalición de partidos, no. Lo que está configurando es un comunado político.

 

CO-MU-NA-DO.

 

Un comunado porque abandona el universo interior de las ideas para centrarse en el universo exterior de los comunes. El comunado político es el resultado de la asunción de la naturaleza común de una serie de bienes que hasta ahora concebíamos desde la individualidad y los entendíamos a partir de la falsa dicotomía de lo privado y lo público. Con el 15M hemos aniquilado esta visión individualista y parcial, hemos anilquilado la partición y hemos comunado todos estos bienes provocando de nuevo la reunión de El Colectivo en torno a objetos comunes.

 

Pero el comunado político es también el resultado de la asunción de la naturaleza común del propio sujeto político que también se ha comunado ya no con voluntad reivindicativa, como lo ha hecho la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, o con voluntad participativa, como lo ha hecho el Multirreferèndum, o con el conjunto de voluntades del Parlament Ciutadà, sino con voluntad ejecutiva de hacerse con el poder para poder. De ahí el apéndice político. La grandeza de Guanyem Barcelona radica en señalar explícitamente a las viejas particiones —ya sean colectivos, plataformas o partidos políticos— que la naturaleza de la nueva política consiste en reconocer los comunes y re-unirse con voluntad ejecutiva.

 

A todo ello hay que añadir, finalmente, un matiz importante: los objetos de la nueva política podrán ser comunes o comunados, pero el sujeto es necesariamente comunado. Porque su propia denominación —un participio sustantivado— debe recordarnos que es fruto de un proceso. Que es contingente. Que es así, que podría haber sido de otra manera y que incluso podría no haber sido. Y esto, claro está, también vale para el partido político, formato que ya se nos revela como innecesario y que recibió el golpe de gracia el 26 de junio de 2014 en Barcelona de la mano de Guanyem Barcelona.

 

Sal fuera de ti

 

Vivimos tiempos de concreción. La ideología —subjetiva e individual, al fin y al cabo— agoniza y por fin se extiende la comunología. Se extinguen los ideales en nuestro interior y van apareciendo comunes como setas en nuestro exterior: comunes urbanos, comunes creativos, nociones comunes… una serie de objetos externos y acotados, en definitiva, que nos van a permitir arremangarnos y ponernos a trabajar sobre ellos en equipo. Si el 15M nos sacó del ensimismamiento, la irrupción del comunado político materializado en Guanyem Barcelona no es más que un paso de gigante hacia esta transformación.

 

Así que, curiosos, incomprensivos y recelosos espectadores de la vieja política, si queréis saber lo qué es Guanyem Barcelona, no preguntéis más por sus opiniones y posicionamientos, simplemente salid fuera de vosotros mismos y observad el común. Ahí está su razón de nacer. Y ahí encontraréis vuestra razón de lanzaros a participar.