El mundo es todo formatos. Libros, anuncios, casas, folletos, festivales, conciertos, canciones, ponencias, clases magistrales, camps, talleres, conferencias, cuadernos de cuentas, cuerpos, comidas, galas, videoclips, discos, apps… Intuimos que los formatos son algo así como categorías básicas de interacción donde entran en juego la metodología, la comunicación, el tiempo, el espacio y un montón de cosas más. También intuimos que los formatos no son medios de comunicación, ni géneros, ni estilos ni métodos ni objetos ni otro montón de cosas más. Pero preferimos que sea una buena batería de ejemplos lo que nos ayude a conocerlos. ¿Y todo esto por qué? Porque creemos que: a) el hombre (y su cuerpo) son la medida de todas las cosas; b) los formatos ajustados a la medida del hombre (y de su cuerpo) nos hacen más felices; c) queremos ser felices y, por lo tanto, queremos conocer y crear mejores formatos. Así que ¡mueran los medios de comunicación y vivan los medios de interacción! Es el tiempo de la formatística, el tiempo de las flexiones y reflexiones* en torno a los formatos en tanto que formatos.

 

Un blog de Cecilia Bayo

 

*le robamos amablemente a nuestro querido amigo Ivo von Menzel la expresión “flexiones y reflexiones” ya que no encontrábamos mejor manera de aludir a esta gimnasia mental que se encuentra a caballo entre lo lúdico y la sesudez.