Pecha Kucha es un formato de presentación oral que consiste en una microponencia estructurada en 20 diapositivas sobre cada una de cuales el ponente sólo puede detenerse a hablar un máximo de 20 segundos. La ponencia dura, pues, un máximo de 6,6 minutos. Toda una proeza que suele publicitarse bajo el lema 20 x 20.

 

 

Pero una presentación en formato Pecha Kucha nunca viene sola. Siempre forma parte de una Pecha Kucha Night, es decir, una fiesta que, con varias microponencias como excusa, reúne al mundillo del diseño, la publicidad, la arquitectura y la creatividad para tomar unas birras, echarse unas risas y hacer networking. Ahí está la trampa. Pecha Kucha deja entonces de ser formato de presentación oral para convertirse en lo que realmente es: un formato publicitario y un formato de evento social. Mediante una especie de franquiciado sin ánimo de lucro,  las Pecha Kucha Nights se organizan periódicamente en diferentes ciudades del mundo (ya son casi 500 las que acogen estos eventos), y cada edición (llamada volumen) se celebra en un bar o un espacio informal y es organizada por una suerte de coordinador: el “hombre pecha kucha” en la ciudad en cuestión.

 

 

¿De dónde sale un formato con unas condiciones tan específicas y estrictas? Pues obviamente tiene autores con nombres y apellidos: Astrid Klein y Mark Dytham, del estudio Klein Dytham architecture, a quienes en febrero de 2003 se les ocurrió montar un evento que pudiera canalizar la verborrea de los colegas de profesión dándoles la visibilidad justa para que sus ideas tuvieran quorum sin aburrir ni ahondar en demasía. Fue en su galería SuperDeluxe de la ciudad de Tokyo. Y la propuesta cayó en gracia porque a partir de ahí el formato se expandió como la espuma por medio mundo y dio origen a la organización y la marca (¡sí, la marca!) que está detrás de todas las Pecha Kucha Nights.

 

En nuestra crítica formatística diremos, en primer lugar, que las Pecha Kucha Nights no son otra cosa que una versión analógica de las redes sociales antes* de las redes sociales: imágenes hechas públicas a toda velocidad y glosadas con pensamientos de prácticamente 140 caracteres. O sea, una foto en Facebook o Twitter aplaudida y olvidada en menos que canta un gallo, pero con los tweets hechos en voz alta, los “Me gusta” con pulgares de carne y hueso y todo ello al calor de una cerveza bien fresquita.

 

En tanto que presentación oral, el formato Pecha Kucha es una buena solución para aquellos que piensan visualmente y tienen ciertas tablas para hablar en público. Son microponencias simples por naturaleza: apenas hay estructura, ni argumentación compleja, predomina la secuenciación narrativa, y se precisa concisión y una gran capacidad de síntesis, amén de cierta gracia para hablar ante un público que acude más bien a ver un espectáculo antes que una conferencia.

 

Pero los aspectos que nos parecen más interesantes del formato Pecha Kucha son otros dos. El primero hace referencia a la naturaleza híbrida (visual y textual) del formato: dadas las prisas, en las buenas presentaciones Pecha Kucha, las palabras y las imágenes suelen complementarse de verdad, lo que no cuentan las unas lo cuentan las otras y juntas transmiten el mensaje completo.

 

Y el segundo apunta directamente al sumo respeto mostrado hacia la capacidad de atención del usuario-espectador: de entre todos los formatos de presentación oral existentes (desde una ponencia académica hasta un TED talk, pasando por una charla o la presentación de un libro), el formato Pecha Kucha es el único en el que, por sus especificaciones “técnicas” (20 x 20), el oyente sabe a qué tiempo, extensión y estructura atenerse. Algo de agradecer en la Edad del Power Point.

 

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* Año de fundación: Pecha Kucha 2003; Facebook 2004; Twitter 2006.

Más info: www.pechakucha.org